Discursos del Presidente

Presidente  Fernández analiza situación de los partidos en el país
(Discurso del presidente Leonel Fernández en el Seminario sobre Partidos Políticos y Organismos Electorales, realizado en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, el 5 de septiembre de  2006).

Monseñor Agripino Núñez Collado, rector magnifico de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, coordinador del Consejo Económico, Social e Institucional; distinguido amigo, doctor Daniel Zobatto; señor representante del Instituto Internacional de Asistencia Electoral (IDEA); distinguidos visitantes extranjeros; panelistas que nos honran con su presencia; señor presidente de la Junta Central Electoral, Luis Arias Núñez; señor presidente del Senado, a quien vi presente por aquí hace un momento; señor ex presidente de la República, Hipólito Mejía; señores representantes de los partidos políticos, de la sociedad civil: señoras, señores,  amigos todos:
Quisiera  felicitar en primer término, muy sinceramente, al doctor Daniel Zobatto, por esta magnifica y brillante exposición que ha hecho, que nos presenta un recorrido histórico acerca de  los sistemas electorales y los partidos políticos, así como las distintas ideas que han alimentado el proceso de constitucionalidad de los partidos políticos, así como los distintos sistemas electorales conocidos dentro del mundo occidental.
Nos parece   interesante  su esquema  de las tres etapas, la primera de  final de   la segunda mitad del siglo XIX hasta el  primer cuarto del siglo XX;  la segunda, la  etapa post Segunda Guerra mundial, en el 1945, y  la tercera etapa en 1978.
Con la tercera ola nos da un marco importante para saber en qué ha consistido este debate sobre el problema de los partidos políticos y los sistemas electorales. Ahora queremos decir que estamos aquí, ante la convocatoria que hace el Consejo Económico Social Institucional que obedece a razones muy prácticas.
EN LA ANTESALA DE
IMPORTANTES REFORMAS
Creemos que es fundamental tener un marco conceptual y  referencial internacional de lo que debemos hacer aquí en la República Dominicana, pero el motivo de este encuentro es  porque aquí en nuestro país estamos en la antesala de importantes reformas y transformaciones en el ámbito institucional, empezando con la propuesta de reforma institucional y siguiendo o completando esa propuesta de reforma constitucional con la reforma política que incluiría inevitablemente el sistema de partidos políticos, el sistema  electoral, la Ley de Organización Municipal, la Ley de Ordenamiento Territorial y lo que tendría que ver,  además, con una nueva Ley de Servicios Públicos en sustitución de la de Carrera Administrativa y  Servicio Civil, actualmente en vigencia.
Ustedes se preguntarán qué impulsa eso, cuál es el motivo de que en la República Dominicana nos propongamos ahora un  proyecto de reforma constitucional y de reformas políticas. Algunos han sugerido que no son los problemas prioritarios lo esencial en la República Dominicana en estos momentos, y que más bien deberíamos concentrar toda nuestra atención  en lo que se estima son los problemas prioritarios, como el del sector eléctrico nacional y el tema  de la seguridad ciudadana.
A nosotros nos parece que el concepto de desarrollo tiene una dimensión integral,  y que dentro de esa dimensión integral que tiene el desarrollo hay una dimensión específicamente  institucional, que no es posible  consolidar la democracia si no hay una dimensión institucional del desarrollo, y que este aspecto institucional sea parte de la visión integral que se complementa con lo económico, con lo social, con lo tecnológico, con lo cultural y con  las distintas dimensiones que conforman un sistema de desarrollo sostenible de una sociedad.
En el caso específico de la República Dominicana, lo que vemos es que en la etapa pos Trujillo, cuando se inicia el proceso de transición hacia  la democracia en el país, el sistema nuestro no colapsó porque tuvimos el privilegio de contar con tres figuras históricas de gran prestigio. Fue el prestigio de estas tres figuras  extraordinarias de la historia contemporánea de la República Dominicana lo que evitó el colapso del sistema democrático en nuestro país.
Ahora estamos, en este momento, en la obligación histórica de hacer el tránsito de una democracia sustentada en tres figuras iluminadas a un sistema democrático que descanse en la fortaleza de sus instituciones. Y si hacemos ese tránsito, entonces, la República Dominicana entra en  una etapa de consolidación de su modelo democrático, que es la gran aspiración del pueblo dominicano.

HAY QUE FORTALECER LAS
INSTITUCIONES DEMOCRATICAS
Ahora, qué buscaríamos nosotros con consolidar y fortalecer las instituciones democráticas en esta etapa de nuestra historia? En primer lugar garantizar, por vía institucional, que en este país no pueda haber retroceso hacia un modelo autoritario; y para eso debe hacerse una transferencia de poder a cada ciudadano, a los fines de que pueda haber garantía de intervención ante el abuso de poder, que cada ciudadano pueda incoar efectivamente una acción ante un órgano jurisdiccional que permita frenar cualquier intento o desbordamiento de uso arbitrario del  poder que vaya a lesionar el ejercicio legitimo de los derechos del ciudadano garantizado en la Carta Constitucional.
En otras palabras, se estaría hablando de constitucionalizar el derecho de tutela o el ejercicio de derecho de amparo como garantía efectiva del ejercicio de las libertades por parte de los ciudadanos de la República Dominicana. Y eso sería  eliminar para siempre cualquier intento de retroceso autoritario en nuestro país.
Solamente ese sería  un motivo de validez para que procedamos a hacer una reforma constitucional en nuestro país, además de los muchos otros aspectos que tenemos que contemplar y que estamos comenzando a trabajar con un grupo de expertos constitucionalistas dominicanos, algunos también extranjeros, y con las consultas que se harán a las distintas organizaciones cívicas del país.
Pero entiendo que además de esta reforma constitucional, como he dicho, estamos trabajando en la reforma del sistema político; y en el día de hoy se han tocado dos aspectos que me parece importante comentar en lo que atañe al ámbito especifico de la República Dominicana.
¿Por qué tenemos que hacer aquí una reforma al sistema electoral? Porque indudablemente, desde el punto de vista institucional, hay un problema de vicio de origen   que tiene que ver con el mecanismo de selección de los integrantes  de la Junta Central Electoral.
Ese vicio de origen nos plantea, en el caso específico de la República Dominicana, el dilema entre la legalidad y la legitimidad. Aquí, institucionalmente, y por vía constitucional, es atribución  del  Senado de la República escoger a los integrantes de la Junta Central Electoral. Pero ¿qué resulta? -y es fenómeno que estamos experimentando, ya  sea con la mayoría que en el periodo anterior tuvo el Partido Revolucionario Dominicano o la mayoría que en este momento tiene el Partido de la Liberación Dominicana en el Senado (el PRD tuvo 29 senadores de 31 y el PLD tiene ahora 22 de 32)-.
Resulta que esa mayoría estaría legalmente en facultad de escoger  a quienes ellos estimen deben ser los integrantes de la Junta Central Electoral. Y desde el punto de vista de la legalidad no puede haber cuestionamiento alguno, no podría haber impugnación.
El problema consiste en la legitimidad de la decisión, porque ambos partidos, con mayoría en ese hemiciclo, podrían decidir  discrecionalmente quiénes serían los integrantes, y eso no sería la garantía al ejercicio efectivo y de la pluralidad  que debe garantizar, digamos, la certidumbre de un proceso electoral.
Nos parece imprescindible que en el caso nuestro busquemos un mecanismo institucional colegiado que convoque al consenso, a los acuerdos entre los partidos políticos para determinar quiénes deben integrar la Junta Central Electoral.
El problema no es que un partido siendo mayoría en el Senado  imponga una mayoría en la Junta Central Electoral que le quite credibilidad al proceso electoral como tal; el asunto es que siendo mayoría en el Senado se puedan buscar mecanismos que garanticen tanto la legalidad como la legitimidad en la escogencia de los integrantes del Tribunal de Comicios.
Primero la idea sería que el Senado no disponga de la facultad de escoger a los integrantes de la Junta Central Electoral, tendríamos que pensar en un mecanismo colegiado. Uno tal vez podría ser el Consejo Nacional de la Magistratura, donde hay distintas fuerzas políticas representadas, y ellos podrían decidir quiénes integran esa Junta Central Electoral.
Habría, sin embargo, que repensar también en la composición  del Consejo Nacional de la Magistratura, que todavía no garantiza la equidad de las fuerzas que puedan participar, lo que implicaría tal vez, digamos, una ampliación del número de sus integrantes. Esbozo solamente aquí el concepto o la idea de hacia dónde debe ir esa reforma constitucional, el mecanismo institucional de selección de los integrantes de la Junta Central Electoral.
El segundo elemento en la parte electoral tiene que ver con el concepto mismo o la naturaleza jurídica de la función que han de desempeñar los integrantes de esa Junta Central Electoral. En el caso nuestro, en el caso de la Ley Electoral, los integrantes de la Junta son concebidos como magistrados, son jueces porque presiden un órgano de carácter jurisdiccional, y nosotros creemos que un órgano de dirección electoral no necesariamente tiene que ser, o exclusivamente, debe ser, un órgano jurisdiccional.
Hay una parte del proceso de organización en el  proceso electoral, de gerencia de un proceso electoral. Hay una parte que es jurisdiccionalmente de impugnación a resultados de esos procesos electorales y necesariamente ese órgano jurisdiccional que conoce de las impugnaciones  a resultados  electorales, ni siquiera tiene que ser de la propia Junta Central Electoral;  es más, en algunos países son los tribunales ordinarios, incluso, los que conocen  de las impugnaciones que se presentan en los resultados electorales.
El hecho de cada miembro de la Junta Central Electoral tenga que ser profesionalmente abogado, yo creo que también es una  obsolescencia con los procesos electorales modernos, cuando se requiere de gente especializada en Informática, gente especializada en Gerencia, sobre todo en Gerencia Pública, y no exclusivamente la condición de  abogado, porque no es un proceso estrictamente legal, tiene una dimensión legal, pero no exclusivamente legal.
Entonces, yo creo que aquí,  obviamente, estamos compelidos por una razón de orden práctico en la República Dominicana para llevar a cabo un cambio, una reforma en lo que tiene que ver con la administración del  sistema electoral.
¿HAY CRISISDE LOS
PARTIDOS EN EL PAIS?
Si me permiten ahora, muy brevemente, sobre los partidos políticos. Yo creo que también nosotros aquí,  en nuestro país, hemos sido influidos por la idea que prevalece en buena parte de América Latina sobre la crisis de credibilidad de los partidos políticos, y hacemos una extrapolación de los resultados de la  encuesta Latino-Barómetro al ámbito específico de la República Dominicana.
En varios países de América ha habido una crisis, un virtual  colapso en el sistema de partidos. Lo hemos visto en Venezuela, lo hemos visto en el Perú -ahora se ha recuperado con el proceso electoral reciente, donde el APRA vuelve a ganar-, lo ha habido en Ecuador, en fin, en distintos lugares de América Latina se ha presentado el caso de una crisis de partidos políticos, de credibilidad, de representatividad, y cuando eso se presenta en las encuestas Latino-Barómetro, solemos  hacer una extrapolación y lo aplicamos al caso de República Dominicana.
Recuerdo ahora que recientemente en las elecciones de medio término que tuvimos en mayo de este año, aún antes de que cerraran las urnas y la Junta Central Electoral empezase a emitir boletines, escuché a unos comentaristas de televisión anticiparse a los resultados diciendo "bueno esta es una demostración más de que los partidos políticos en la República Dominicana están en crisis, porque  lo que se observa es que poca gente vino a votar y, por consiguiente, menos del 50 por ciento de los votantes, de los sufragantes establecidos en los registros electorales ejercieron el sufragio, y esa es la prueba contundente, inequívoca de que los partidos políticos  están en crisis en la República Dominicana".
Luego vimos que no fue así, que el 65% de los electores válidos para ejercer el sufragio lo hicieron, y eso representó, inclusive, un incremento de la participación electoral en elecciones de medio término en la República Dominicana, que normalmente se encuentra en un 50%.
En los Estados Unidos, en elecciones presidenciales ya está votando menos del 50%, se vota entre un 47 o 48%, y nadie habla de la crisis de los partidos políticos en Estados Unidos.  De manera que, primero, el nivel de participación en un proceso electoral no determina que los partidos estén o no estén en crisis.
Si lo medimos, en todo caso, en la República Dominicana, sobre la base de los niveles de participación en los procesos electorales, yo diría que los partidos políticos  representan un caso de éxito, porque en las elecciones presidenciales de aquí vota siempre por encima del 80%.
Si en Estados Unidos, que es la democracia más madura de Occidente, vota menos del 50 por ciento, en la República Dominicana vota más del 80%, entonces parece ser que la República Dominicana es un caso paradigmático universal de fortalecimiento de los partidos políticos, si lo asumimos desde esa conceptualización.
Pero veámoslo desde otro punto de vista: niveles de militancia  en los partidos políticos. Yo suelo preguntar a la gente del PSOE en España, bueno y cuántos miembros tiene el Partido Socialista Obrero Español?.  400 mil miembros, miembros militantes, inscritos en el partido. Y cuántos miembros tiene el Partido Popular en España? 300 mil miembros. Bueno, y cuántos miembros tiene el movimiento Quinta República en Venezuela? Esos tienen 600 mil miembros.
Cuando yo pregunto aquí a los compañeros, a los amigos del Partido Revolucionario Dominicano, qué cuántos miembros tiene su partido? Pasamos del millón.   En el Partido de la Liberación Dominicana, y cuántos miembros hay en el PLD? Un millón 200 mil. De manera que duplicamos al PSOE y triplicamos al PP y tenemos unos niveles de ingreso de militancia en los partidos políticos en la República Dominicana que están por encima de la media latinoamericana y aún por encima de la media europea.
LOS PROBLEMAS SON
DE OTRA  NATURALEZA
Ahora, eso tiene sus conveniencias y sus inconveniencias, que es lo que ocurre en el caso nuestro. Yo diría que el problema de los partidos políticos en la República Dominicana  no está ni por niveles de participación en los procesos electorales, ni por los niveles de militancia que son muy altos, sino, a mi modo de ver, por dos factores muy nuestros: uno que se refiere a los partidos políticos como instrumentos de movilidad social ascendente; y el otro, el tipo de organización que tienen nuestros partidos, que los inclina hacia la  conflictividad interna cuando se trata de escogencia de candidatos.
Con respecto a lo primero, ¿qué es lo que ocurre?.  Es un problema de la estructura social de la República Dominicana. Aquí hemos tenido un proceso acelerado de urbanización. En los últimos 40, 50 años ha habido un cambio demográfico radical.
En el año de 1960, el 70% de la población dominicana era rural, hoy día el 70% de la población es urbano; ahora, es un proceso de urbanización en ausencia de un proceso de industrialización. ¿Y qué ha ocurrido?, que esa urbanización ha ido acompañada por un proceso de marginalidad social, incremento del desempleo, entonces, la gente está desempleada y para garantizarse la supervivencia entra a los partidos políticos.
Y la persona no entra sola, entra con una masa, con lo cual le da una categoría, una autoridad y un cierto prestigio al partido donde ingresa y, naturalmente, al hacerlo así esa persona que se encuentra, desde el punto laboral, desplazada,  a través de los partidos  encuentra la oportunidad de un movimiento social ascendente.
Los partidos se han convertido en la República Dominicana en mecanismos de movilidad social, la gente lo ha entendido  y va a los partidos a ser parte de eso.  Yo diría que esa es una de nuestras debilidades, porque los partidos no deben ser vehículos de movilidad social, los partidos deben ser instrumentos de mediación y representación del interés popular.
Hay un proceso de desnaturalización de lo que debe ser el objetivo del partido, pero no determinado por el partido en sí sino por la naturaleza social de la República Dominicana, que nos lleva al otro fenómeno mal entendido por los politólogos y que solamente los que ejercemos el oficio de la política lo podemos entender, que es el problema del clientelismo.

EL FENOMENO
DEL CLIENTELISMO
Aquí se acusa a los líderes políticos de fomentar el clientelismo, el que lo vive se da cuenta de que el clientelismo es un fenómeno que viene de abajo hacia arriba, es al revés. Cuando yo salgo de mi casa cada día me encuentro con 40 ó 50 personas que me esperan al frente para que le resuelva un problema de medicamentos, un familiar que murió y el político que no lo atiende, simple y llanamente se ve como insensible, se ve como una persona que no tiene, digamos, ningún interés, ninguna preocupación por la suerte de los demás.
Y claro, si ese líder político no se lo resuelve se irá donde el otro. Entonces, decir que el clientelismo es un fenómeno deliberado promovido por los partidos políticos es desconocer la estructura económico-social y la política cultural, el entorno en el cual se desempeña o se desenvuelve.
Yo invito a una reflexión seria sobre este tema, porque es una imputación que se les hace a los dirigentes políticos de que fomentan el clientelismo, cuando el clientelismo es la respuesta individual de supervivencia que tiene la gente ante una realidad de estructura económica y social. Y aquí lo que se da es que el partido desmarca su competencia natural para inmiscuirse en otros ámbitos de acciones que no deben ser de su competencia.
El hecho de que en el caso de la República Dominicana, los partidos deciden quién es el próximo rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, para citar un caso, desnaturaliza la función del partido.
El CODIA no puede escoger un presidente si los partidos no participan; el Colegio de Abogados no puede escoger el presidente de los abogados si los partidos no participan; el Colegio Médico no puede escoger su presidente si los partidos no participan; los sindicatos, todos los gremios profesionales no pueden escoger sus bufetes directivos si los partidos políticos no intervienen.
Eso que quiere decir, que en la República Dominicana en lugar de hablarse del debilitamiento de los partidos, lo que hay es partidos todopoderosos que intervienen en todos los ámbitos de participación de la vida pública nacional.
Yo creo, honestamente, y esto es parte del debate que debemos tener a nivel de los partidos políticos,  si es conveniente que los partidos políticos continúen teniendo un nivel de ingerencia en la vida de cada una de estas instituciones, o si debemos dejar que esas instituciones desarrollen una vida propia al margen de lo partidos políticos.
Yo creo en lo último, yo creo que la Universidad Autónoma de Santo Domingo cuando escoja su rector debe ser sobre cualidades y valores exclusivamente académicos, no políticos.  Estimo que cuando el CODIA vaya a escoger su presidente debe ser sobre la base de sus condiciones profesionales, no por méritos políticos.
Ahora, lo que ocurre es que en la práctica política dominicana nos damos cuenta que el Colegio de Abogados y el Colegio de Médicos y la Universidad Autónoma de Santo Domingo se convierten, o  en factores de contestación o en factores de legitimación.  Si usted está en la oposición,  usted loo quiere tomar porque son trincheras contra el gobierno; si usted está en el gobierno los quiere tomar porque son formas de apaciguamiento a la contestación que viene de la oposición.
Entonces es un problema de cultura política, ahora nos ponemos de acuerdo sobre cómo debe funcionar y a partir de ahí se adoptaría una práctica política determinada.
En fin, como ustedes ven, yo pienso que en la antropología política dominicana hay mucho de que aprender.  Es un caso muy singular, es un caso muy nuestro donde hay fortalezas y debilidades, pero indudablemente que para consolidar la democracia dominicana en estos momentos  se requiere de transformaciones que hagan el proceso más transparente, que hagan el proceso más plural, que convoque siempre al consenso, al acuerdo entre los partidos políticos, y me parece que en esa medida la democracia dominicana podrá avanzar.
Y hago sólo referencia a un último punto que había anunciado sobre los partidos políticos.  El tema del tipo organizacional que tenemos los partidos en la República Dominicana y los conflictos que eso genera para la escogencia de candidatos a distintos cargos públicos.
Fue el Partido Revolucionario Dominicano, imbuido de un concepto democrático, hecho de muy buena fe en los años 70, el que trajo el modelo  de las elecciones primarias para escoger en primer lugar al candidato a la Presidencia de la República, y nos hemos quedado en los distintos partidos políticos en la República Dominicana con elecciones primarias para escoger a los candidatos a la Presidencia.
Ahora nos hemos dado cuenta de que en todos los partidos esto tiene una tendencia a crear el conflicto. ¿Por qué? Porque hemos hecho una copia del modelo norteamericano de elecciones primarias, y no nos pusimos a pensar que en Estados Unidos las elecciones primarias en los partidos no generan conflictos por la forma organizacional de éstos, mientras que aquí siempre crearán conflictos por la forma en que los partidos están organizados.
En Estados Unidos no hay un Partido Demócrata, hay 50 partidos demócratas, no hay un Partido Republicano, hay 50 partidos republicanos.  En cada lugar donde eso existe, a su vez se subdivide el distrital, el condado, y la gente no tiene una relación física directa y personal, son formas de organización impersonales.
En la República Dominicana existe el Comité Político, el Comité Central, los comités zonales, los comités de base donde la gente convive, la gente tiene una relación directa, física personal diariamente, son amigos, son compadres, hacen de todo juntos, pero los divide cuando llega el momento de las elecciones. Entonces, cómo es posible que habiendo estado tanto tiempo de tu lado y desarrolla una relación afectiva, sentimental, no comprendo porqué apoyas al otro.
Entonces, la forma de organización de carácter personal de los partidos políticos dominicanos  incita a la conflictividad al momento de la elección de candidatos, pero extrapolamos ese modelo del sistema norteamericano sin darnos cuenta que en Estados Unidos el modelo organizacional es enteramente impersonal y allá nunca habrá conflictos.
Si pensamos en este proyecto de ley de partidos políticos, me parece  que un elemento esencial tiene que ver con cómo disminuir los niveles de conflictividad que se producen como resultado de la escogencia de candidatos al interior de los partidos.
Y, naturalmente, en el caso dominicano nos parece que no sería admisible  poder establecer candidaturas independientes, porque eso sería desconocer, justamente, cuál es la función de los partidos políticos.
Si los partidos políticos no tienen el monopolio de poder ellos escoger los candidatos, entonces no hay razón para que existan los partidos políticos, porque al fin y al cabo los partidos no son  otra cosa que estados en miniatura, y como estados en miniatura se preparan justamente para tener el control del Estado, y quien no participa de una organización política que aspire a tener el control del Estado ni tiene programa ni tiene ideología, carece de los instrumentos para poder llevar a cabo una acción eficaz en caso de tener el control del aparato estatal.
Bueno, esos eran algunos de los comentarios que quería compartir con ustedes acerca de la realidad específica de República Dominicana, muchas gracias.

 

 

 


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