Discurso pronunciado por el presidente Leonel Fernández en la Cumbre MNOAL
Discurso pronunciado por el presidente Leonel Fernández ante la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, en La Habana, Cuba, 15 y 16 de septiembre de 2006.
Honorable señor Presidente
Honorables jefes de Estado y de Gobierno
Honorables jefes de delegaciones
Señoras y señores:
Desde hace más de quinientos años, desde que el cacique Hatuey se aventuró a navegar por las turbulentas aguas del mar Caribe, para desde la isla de La Española llegar a Cuba, entre esta hermosa y heroica tierra y nuestro país, la República Dominicana, han existido profundos e históricos lazos de afectos y solidaridad.
Nos sentimos particularmente honrados y enaltecidos por la exquisita hospitalidad y distinción de que hemos sido objeto por parte de las autoridades y del pueblo cubano, por lo que nos permitimos reafirmar nuestro testimonio de amistad, respeto y consideración.
República Dominicana acude por vez primera ante este foro de los Países No Alineados en calidad de miembro pleno; y lo hacemos concientes de la necesidad de formar parte de un mecanismo de concertación política, económica, comercial, social, cultural y tecnológica que responda en toda su magnitud a las aspiraciones e ideales de las naciones que luchan, en medio de precariedades e inmensas dificultades, con el propósito de crear un futuro más digno para todos sus ciudadanos.
En vista de que el Movimiento de Países No Alineados surgió en un momento de clímax de la época de la Guerra Fría, hay quienes han considerado que, con el fin de ese episodio de la historia contemporánea, este movimiento perdió razón de ser.
Ese argumento incluso encuentra su justificación en el hecho de que con la caída del Muro de Berlín, el desplome de la Unión Soviética y de las democracias populares de Europa del Este, hasta la historia había llegado a su capítulo final.
Se había construido la imagen de un mundo exento de conflictos, en razón de que, supuestamente, la humanidad había llegado a la conquista de su ideal supremo que no era otro que la economía de mercado y la democracia occidental.
Otros fueron política e intelectualmente menos arriesgados y pretensiosos y, en el lugar de hablar de que la historia había llegado a su fin, plantearon un cambio en la naturaleza de los conflictos por venir. Hablaron, más bien, de un choque de civilizaciones.
Después de los acontecimientos del 11 de septiembre, esta última tesis parecía haber ganado terreno. Esos actos de terror, condenados en todas partes del mundo, parecían colocar los nuevos conflictos del género humano, en el siglo XXI, en una perspectiva de Occidente versus Islam.
Hoy sabemos que no es así. Que se trata de una realidad más compleja, en la que los conflictos se producen también entre miembros de una misma civilización.
Pero, además, están motivados, esencialmente, por la profunda situación de desigualdad social que actualmente impera en el mundo, en el que se ha ampliado la brecha entre ricos y pobres, en el que ha aumentado el número de desempleados, de desnutridos, de enfermos sin posibilidad de atención médica, de iletrados; en fin, de los condenados a morir a destiempo por efectos del hambre y de la miseria.
La globalización, que por haber sido impulsada por una revolución científico-tecnológica sin paralelo en la historia de la humanidad, ha debido tener el impacto de una fuerza transformadora y modernización para todos nuestros pueblos, ha resultado ser excluyente.
Eso ha provocado, a su vez, que los ya humanamente inaceptables niveles de inequidad que prevalecen en el mundo, se hayan multiplicado de manera inimaginable, constituyéndose en la fuente de muchos de los males que ahora nos agobian y de las tensiones que mantienen en vilo a un segmento importante de la humanidad.
Los conflictos de la zona del Golfo Pérsico y el Medio Oriente, que para algunos ya constituyen el principio de una tercera conflagración mundial, tienen una profunda repercusión a escala planetaria en el sometimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad en todo el mundo.
Si alguna vez se ha podido sentir, en toda su dimensión, el carácter interdependiente de las actuales relaciones internacionales, lo que está ocurriendo en esa región del mundo, constituye un ejemplo claro y elocuente.
La República Dominicana, colocada a miles de millas distancia de la zona del Golfo Pérsico y del Medio Oriente, al igual que la generalidad de las naciones del Sur, no productoras de petróleo, se ha convertido en una víctima involuntaria, o como se dice en el lenguaje propagandístico contemporáneo, en un "daño colateral" de las convulsiones que afectan a los pueblos hermanos de esa región del mundo.
Cada vez que se intensifican los combates o se incendia la retórica, los precios del barril del petróleo se disparan a niveles inasequibles para nuestras naciones, creando serios constreñimientos y graves distorsiones a nuestras estrategias nacionales de desarrollo.
Como consecuencia del alza de los precios del petróleo, nuestras economías se estancan. No crecen al ritmo que deben hacerlo. La deuda externa se incrementa. La inflación se dispara. La moneda se devalúa. El gasto en educación, salud y seguridad social disminuye y las inversiones en infraestructura se evaporan.
En resumen, conflictos aparentemente remotos y distantes, terminan ocasionando efectos tan devastadores y destructivos para el progreso y el bienestar de nuestros pueblos como un tsunami o un huracán.
Es por eso que resulta tan crucial, en estos momentos agitados y convulsivos de la escena internacional, retomar y fortalecer los principios y valores que dieron origen a este Movimiento de Países No Alineados, como son la lucha por la paz, la seguridad, el respeto a las normas de derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, la aplicación de mecanismos multilaterales en la solución de los conflictos mundiales, la cooperación y la solidaridad.
Es nuestro firme convencimiento de que la relevancia o trascendencia de esta asociación de naciones que lucha por la edificación de un porvenir más auspicioso, sólo se encuentra en la capacidad de plasmar y hacer valer cada uno de esos valores y principios.
Debo reconocer aquí que ya varios de esos ideales empiezan a tener plena vigencia en nuestros intercambios y relaciones.
Por ejemplo, ante el alza continua de los precios del petróleo, de manera generosa y voluntaria, el Gobierno venezolano del presidente Hugo Chávez diseñó un proyecto de cooperación, conocido como Petrocaribe, que ha servido de alivio a la República Dominicana y a los pueblos del área para mitigar los efectos demoledores, que como hemos indicado, ha tenido dicha situación para nuestros pueblos.
Estoy consciente de que ha habido algunas voces que han levantado la idea de que con el programa de Petrocaribe, el Gobierno del presidente Chávez está regalando la riqueza petrolera de su país.
No es cierto. El Gobierno de Venezuela no está regalando su petróleo a la República Dominicana ni a los pueblos caribeños. Para nosotros sería absolutamente inaceptable que Venezuela o cualquier otro país hermano se despoje, en forma irresponsable, de su riqueza o de sus recursos, para brindárnoslo de manera gratuita. Esto sería un acto indigno, que nos llenaría profundamente de vergüenza.
A través de Petrocaribe, lo que el Gobierno de Venezuela ha hecho es conceder un crédito, a largo plazo, de un cuarenta por ciento de la factura petrolera que se importa, la cual se incrementaría en proporción al alza de los precios del crudo, llegando hasta un cincuenta por ciento si dichos precios llegasen a colocarse a 100 dólares o más el barril.
A nuestro modo de ver, con la aplicación de ese programa lo que el Gobierno de Venezuela ha demostrado es tener una visión inteligente y estratégica de preservación en el largo plazo de los intereses de su propio país, al tiempo que practica la solidaridad y la cooperación en el corto plazo para ayudar a pueblos hermanos y amigos, que de otra manera sucumbirían en el abismo.
El caso de Petrocaribe es un magnifico ejemplo, para todas las naciones aquí reunidas en este foro de Países No Alineados, de lo que significa aplicar un programa que permite la posibilidad de esbozar proyectos creativos e innovadores de cooperación y solidaridad, mutuamente provechosos para los países involucrados; proyectos que no ponen en riesgo los intereses estratégicos de ningún país, pero que aplicados con criterio progresista de cooperación, de esa cooperación Sur-Sur, tan necesaria ante la práctica de extinción de la que vienen del Norte, traspasan los límites de un simple modelo de economía de mercado, imbuido tan solo en la búsqueda de lucro y beneficios, sin reparar en los inmensos percances que ocasiona a quienes se encuentran en una fase embrionaria de su desarrollo.
Honorables jefes de Estado, de Gobierno y de delegaciones:
Les invito, con toda franqueza, a que reflexionemos a los fines de crear mecanismos eficaces y permanentes de consulta, concertación y cooperación entre nosotros, que nos permitan establecer una institucionalidad propia para las inversiones, el comercio, las finanzas, el intercambio educativo, científico, cultural, tecnológico, energético y medioambiental, al tiempo que nos colocamos al frente de toda acción mundial que propugne por la paz, el respeto a los derechos humanos, la dignidad y el decoro de todo el que habita este planeta.
En la post-Guerra Fría, en esta época de globalización y terrorismo, el Movimiento de Países No Alineados está destinado a jugar un rol prominente en la defensa de los intereses de las naciones que han sido relegadas a un segundo plano por las fuerzas que hoy imponen su visión y su dominio sobre el resto de la humanidad.
Pero eso sólo será posible en la medida en que esta organización elabore un plan de acción que tenga un valor para los objetivos de las naciones aquí representadas, que buscan avanzar hacia sus metas nacionales de desarrollo sostenible.
Asumamos esa inmensa tarea. Mantengamos iluminada la llama de la esperanza de nuestros pueblos.
Globalicemos la solidaridad.
Muchas gracias.
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